En plena era de la información y la digitalización, lo que se esperaba que fuese un amplio campo para la variedad en la información que recibimos, se ha convertido en un «campo de minas» para el conocimiento y la información en las distintas facetas de la vida. Si bien es cierto que, cada vez encontramos más medios en los que informarnos, ello no evita que proliferen aquellos cuyo objetivo es desinformar a la ciudadanía, persiguiendo distintos intereses. Por ello, vamos a tratar en este artículo los distintos riesgos que pueden esconderse detrás de la desinformación y algunos consejos que contribuyan a evitarla por nuestro bien.
A continuación, vamos a repasar un decálogo de buenas prácticas, que nos pueden ayudar a prevenir la desinformación que prolifera en nuestros días. Porque, algo que siempre se ha dicho es que la información es poder. Por lo tanto, la desinformación es una lacra que como miembros de una sociedad tan convulsa, nos puede debilitar. Independientemente de nuestra ideología, creencias, etc. Vamos a repasarlas.
ANALIZAR LAS FUENTES DE LAS NOTICIAS QUE RECIBIMOS
Conocer qué medio es el que publica la información que recibimos o una noticia, ya que empresas, organismos o países se pueden encontrar detrás de dicha información, es de vital importancia. Es conveniente comprobar que existan enlaces a las fuentes originales, otros medios o textos que den validez a la información.
DESCONFIAR DE LAS PUBLICACIONES QUE SE RECIBEN MEDIANTE REDES SOCIALES
Es conveniente, siempre, acudir a la fuente original de la información o realizar una búsqueda inversa para poder comprobar si una imagen fue publicada anteriormente en Internet y en qué contexto. En este enlace, podemos verificar los consejos que Google nos da para ello.
Del mismo modo, es posible comprobar si una imagen es original o ha sido copiada o modificada mediante información EXIF (en español Formato de archivo de imagen intercambiable).

NO COLABORAR CON EL ALGORITMO
Si se quiere poseer una opinión bien formada, crítica y debidamente contrastada, es muy recomendable obtener la información de otras fuentes alternativas a las que nos ofrecen los algoritmos en los que se basan las plataformas digitales.
CUIDADO CON LOS FALSOS PERFILES «HUMANOS»
Antes de confiar en el contenido publicado por un perfil digital, es conveniente que nos aseguremos de que no se trata de un robot. Para ello, es conveniente analizar a cuántas personas sigue, cuántas le siguen, si genera contenido propio y si hace un uso excesivo de la red social.
¿Quién comparte la noticia y en qué contexto?
Debemos preguntarnos, aunque nos lo haya enviado un amigo, de qué fecha es la información, quién es la fuente y qué otros medios la han difundido. Incluso, es conveniente buscar el titular en algún buscador, porque, si se trata de una información veraz, habrá sido publicada en otros medios.
Cuidado con los contenidos patrocinados o de origen desconocido
Es aconsejable desconfiar de todo contenido político o polémico, que aparezca patrocinado por perfiles anónimos o sin identificación alguna con ninguna asociación, partido político o institución real que puedan obtener ingresos económicos a cambio de patrocinar determinados contenidos.
No debemos politizar los contenidos, ya que incluso cualquier información que nos pueda llegar sobre temas de salud, sin una base profesional o científica, nos pueden llegar a perjudicar más de lo que podemos imaginar.
Pensamiento crítico y mente fría
Participar en debates desde la racionalidad, el respeto y el pensamiento crítico, evita generar espirales de odio, descalificaciones y polarización, que podrían estar promovidas por actores o grupos encubiertos.

Importancia de leer siempre la letra pequeña
Cuando nos informamos en formatos digitales, debemos procurar no quedarnos sólo con el titular y una fotografía. Es muy aconsejable, leer la noticia completa y analizar si la información ha sido contrastada, las citas u opiniones se realizan desde la pluralidad, etc.
Desconfiar de las estrellas o famosos
Debemos tener en cuenta que, agentes políticos, sociales o culturales influyentes suelen participar en distintos debates o discusiones en función de agendas políticas, instituciones u organizaciones determinadas y que pueden no ser conocidas por la audiencia final. Su imagen o testimonios se suelen utilizar para la difusión de noticias falsas.
Podemos detener un conflicto o Polémica
Manteniéndonos alerta de los contenidos informativos y no contribuyendo a difundir información no contrastada o de dudosa trazabilidad o procedencia, puede evitar que una noticia falsa o bulo se extienda y adopte mayor repercusión.
Con la aparición y uso de la Inteligencia Artificial (IA), en la actualidad es posible y con el tiempo están mejorando las técnicas, mediante las cuales se puede hacer creer que una noticia falsa es completamente creíble, incluso mediante la modulación de voz o el tratamiento de imágenes de video, nos pueden hacer creer actores malintencionados que determinada persona ha dicho o hecho algo, que por su forma de pensar o principios nunca haría.
Desde políticos, hasta famosos, pasando por personas anónimas… Hace unos meses se difundieron imagenes de desnudos con la cara de personas reales que no se habían prestado a ello, audios con la voz de un político que decía lo contrario a lo que siempre ha demostrado pensar o publicaciones en las que un famoso recomienda invertir en criptomonedas de dudosa sostenibilidad o rentabilidad. Detrás de estas acciones, siempre hay un actor malintencionado que busca la desinformación, crispación de la opinión pública u otros fines desestabilizadores.
CONCLUSIÓN
La desinformación y las fake news representan un desafío en la era digital actual. La rápida difusión de información falsa a través de las redes sociales y otras plataformas ha demostrado tener consecuencias graves, desde la manipulación de la opinión pública hasta la interferencia en procesos democráticos y la propagación de teorías conspirativas.
Es fundamental que individuos e instituciones, desarrollen habilidades críticas para identificar y combatir la desinformación. La educación mediática y digital debe ser una prioridad para capacitar a las personas en la evaluación de la veracidad de la información que consumen y comparten. Además, las plataformas tecnológicas deberían asumir mayor responsabilidad en la moderación de contenidos y la implementación de medidas efectivas para frenar la propagación de noticias falsas.
La colaboración entre gobiernos, organizaciones no gubernamentales, medios de comunicación y empresas tecnológicas es esencial para abordar este problema. Sólo mediante el esfuerzo conjunto se podrá mitigar el impacto de la desinformación y proteger la integridad de la información en nuestra sociedad.
La lucha contra las fake news requiere un compromiso continuo y una adaptación constante a las nuevas tácticas empleadas por quienes buscan engañar y manipular. Fomentando una cultura de verificación y escepticismo saludable, podemos avanzar hacia un entorno informativo más seguro y confiable.
Fuente: Centro Criptológico Nacional (CCN)


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