Con el paso del tiempo, nuestro smartphone ha pasado de ser un simple dispositivo de comunicación, para convertirse en el centro de nuestra vida digital. En él, guardamos fotos, documentos, datos personales y además, gestionamos nuestras cuentas bancarias y realizamos pagos. La comodidad que nos aporta, tiene también un lado menos tranquilizador: cualquier descuido que cometamos, puede abrir la puerta a accesos indebidos y pérdidas económicas. Además, el auge de nuevas estafas por internet, es cada vez menos tranquilizador.

¿Por qué el móvil es un imán para las estafas?

La creciente digitalización de diversos trámites, el avance del teletrabajo y el uso creciente de la banca móvil, han ampliado la exposición a riesgos. Desde hace un tiempo, el teléfono funciona como un pequeño ordenador de bolsillo, con vulnerabilidades similares a las de un equipo tradicional, si no se mantiene protegido y actualizado.

Por esta razón, los intentos de fraude buscan aprovechar rutinas: consultar notificaciones de forma rutinaria, responder a mensajes que “parecen reales” o conectarse a una red WiFi abierta para ahorrar datos. Son hábitos que, repetimos a diario, pero que pueden convertirse en un problema, cuando el atacante consigue que actuemos por impulso.

Cómo se cuelan muchos fraudes a diario

Muchos de los intentos de engaño, nos llegan por canales que utilizamos a diario: servicios de mensajería, redes sociales, plataformas de compras, avisos falsos de paquetería, llamadas telefónicas o enlaces que, prometen resolver una urgencia.

Mayoritariamente, estos métodos funcionan porque se centran en generar confianza. Si el mensaje recibido imita el estilo de una empresa conocida o aparece en una conversación habitual, es más fácil que bajemos la guardia. A ello, se suman prácticas de riesgo que siguen siendo demasiado comunes: descargar aplicaciones sin revisar su procedencia, aceptar permisos excesivos, usar redes públicas para operaciones sensibles, guardar contraseñas en lugares inseguros o notas en el propio dispositivo.

A diario, podemos ser objetivo de estafas a través de nuestro móvil.
A diario, podemos ser objeto de estafas a través de nuestro móvil, ante lo que debemos estar alertas y saber cómo actuar ante los distintos intentos, así como aplicar medidas de protección.

Medidas adoptadas por los bancos

Ante el notable crecimiento de amenazas, el sector financiero intensifica su inversión en tecnologías de protección. Una de las medidas más relevantes es la autenticación reforzada o SCA (Strong Consumer Authentication), que exige la verificación de doble factor para acceder o autorizar pagos online, elevando así el nivel de seguridad.

En el ámbito financiero, gana terreno la sustitución de los SMS de un solo uso, por la firma de operaciones dentro de la propia app bancaria, mediante notificaciones push, medida que reduce los riesgos vinculados al duplicado de tarjetas SIM o a mensajes fraudulentos.

A ello hay que sumar, el control de dispositivos vinculados que, permite revisar qué móviles u ordenadores tienen acceso a la banca digital, desvincular aquellos sospechosos y obligar a re‑autenticar nuevos dispositivos. Además, las alertas en tiempo real ante movimientos inusuales, ayudan a reaccionar más rápido. Pero, incluso contando con estas medidas, la primera línea de defensa sigue siendo el propio usuario.

Seis medidas para proteger nuestro móvil, sin ser expertos en tecnología

Estos 6 consejos de ciberseguridad, nos pueden ayudar a blindar nuestro móvil frente a amenazas y estafas:

  • Activar el bloqueo automático del dispositivo. Mediante el uso de PIN, patrón o biometría, para evitar accesos en caso de pérdida o robo.
  • Mantener el sistema y las aplicaciones actualizadas. Debemos tomar conciencia que las actualizaciones, sirven para corregir fallos de seguridad que pueden ser explotados por atacantes.
  • Instalar un antivirus o aplicación antimalware de confianza. Supone un extra de protección útil, especialmente si solemos descargar apps con frecuencia.
  • Descargar solo de tiendas oficiales y revisar permisos. Si una app pide más permisos de los estrictamente necesarios, debemos desconfiar siempre.
  • Evitar operaciones bancarias en redes WiFi públicas. Para realizar gestiones sensibles, es mejor usar datos móviles o una red segura.
  • Desconfiar de mensajes, llamadas o enlaces inesperados. Si además nos piden datos sin venir a cuento o meten prisa, debemos verificarlo por los canales oficiales. Nunca nuestro banco, nos va solicitar información por teléfono, sin solicitud previa por nuestra parte.

El aspecto fundamental, reside en combinar tecnología y prevención: bancos más protegidos, pero usuarios más atentos. Si detectamos un movimiento sospechoso o creemos haber caído en un engaño, debemos actuar con rapidez y contactar cuanto antes con nuestra entidad.

En ciberseguridad, la mejor protección reside en no reaccionar con prisa y comprobar toda información, antes de pinchar sobre un enlace.


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