La aplicación Telegram, principal competencia de WhatsApp, ha tenido que dar un giro en sus políticas de privacidad tras la detención de su CEO recientemente, Pável Dúrov. La aplicación que fue ganando millones de usuarios gracias a sus diferencias con WhatsApp, parece que ahora pasa por el aro en lo que supone un giro de 180 grados. Por lo tanto, ahora la privacidad ha bajado algunos escalones en el uso de dicha aplicación de mensajería instantánea.
El multimillonario de 39 años ruso, Pável Dúrov, CEO de Telegram, fue detenido el sábado 24 de agosto en París. Quien hasta hoy había hecho de la libertad su bandera, ha acabado con la suya.
Ser creador junto a su hermano Nikolai de uno de los principales canales de comunicación del mundo, en uno de los países más represivos del planeta, Rusia, tiene mucho mérito. Hacerlo por segunda vez, cuando el Kremlin le arrebató su primera empresa, es ya la excepción. Pável Dúrov, nacido en San Petersburgo, fundó la alternativa rusa de Facebook, vKontakte (VK), en 2006 y ocho años después se vio obligado a vender sus acciones por 300 millones de euros, bajo el acoso de los servicios de seguridad de Vladímir Putin.
En 2013, junto a su hermano, creó la plicación de mensajería instantánea Telegram, que prometía una privacidad por encima de su principal competidora WhatsApp. Gracias a ello, ganó millones de seguidores por todo el mundo, se podían crear grupos más numerosos y parecía que en Telegram, el intercambio de todo tipo de información era más seguro.
Algo sospechoso era que, de ser una app prohibida por el Kremlim, pasó a ser clave para el ejército ruso.
Dicen las «malas lenguas» que Pável Dúrov, “exiliado” de Rusia desde el año 2014, había visitado al menos 50 veces el país desde entonces. Incluso, se encontraba allí cuando el Kremlin censuró la aplicación en 2018, y también cuando le levantó la censura dos años después.
En 2011, el empresario tuvo su primer encontronazo con el gobierno ruso, que le pidió censurar comunidades opositoras en la plataforma, lo cual él rechazó. En 2013, cuando VK fue utilizada en Ucrania para organizar las protestas contra la influencia del Kremlin, el gobierno ruso exigió los datos de los organizadores. Esto ya era un ultimátum.

En una publicación anterior, ya hablamos sobre la información que recopilan sobre nosotros las apps de mensajería instantánea. Tras el cambio de dirección en las políticas de privacidad de Telegram, podemos afirmar que la más respetuosa con nuestra privacidad, es en estos momentos Signal.
Telegram abandona el lado oscuro
Hasta hace bien poco, el sitio de preguntas frecuentes de Telegram afirmaba que los chats privados estaban protegidos y que la plataforma “no procesaba ninguna solicitud relacionada con ellos”. Sin embargo, esta declaración ha desaparecido ya y a partir de ahora, se indica que todos los usuarios pueden usar los botones de “Reportar” para marcar contenido ilegal para los moderadores. Según un portavoz de Telegram, la intención detrás del cambio, es clarificar cómo los usuarios pueden denunciar contenido, más que un cambio en la privacidad de los chats.
La plataforma cambia discretamente su política de moderación de chats privados, poco después de que el CEO de la compañía, Pavel Durov, fuera arrestado en Francia, acusado de permitir actividades criminales en la aplicación sin tomar las medidas adecuadas.
El arresto de Durov supuso un duro golpe para la imagen de Telegram. Las autoridades francesas han acusado a la empresa de ser utilizada para la distribución de material de abuso sexual infantil y tráfico de drogas, alegando que Telegram se negó a cooperar con las investigaciones. En respuesta a estas acusaciones, Durov ha prometido tomar medidas más estrictas para moderar contenido en la plataforma. Afirmaba que el aumento repentino de usuarios, que supera los 950 millones, facilitó que los criminales abusaran de la app.
Durov subrayó que, aunque la moderación del contenido siempre ha sido un tema complicado, ahora pasa a ser su «objetivo personal» asegurarse de que la plataforma mejore significativamente en este aspecto. Este cambio marca un punto de inflexión para la plataforma, que durante mucho tiempo ha sido conocida por su enfoque de privacidad extrema.

¿Qué supone para los usuarios de Telegram?
El cambio de postura de Telegram ha generado muchas preguntas. ¿Significa esto que los chats privados ya no son tan privados? Según la compañía, no. Los chats siguen siendo encriptados, y no ha habido ningún cambio en el código fuente que afecte a la privacidad. Sin embargo, ahora es más claro cómo los usuarios pueden reportar contenido inapropiado, incluso en chats que antes se consideraban estrictamente privados.
El movimiento es una reacción a la creciente presión de gobiernos y autoridades, para que las plataformas de mensajería sean más «responsables» en cuanto al contenido que se comparte a través de ellas. Aunque muchos usuarios de Telegram valoran la privacidad que la app ofrece, este giro hacia una mayor moderación podría ser visto como una traición para algunos.
Telegram se encuentra en una posición muy delicada. Por una parte, tiene que cumplir con las leyes y regulaciones locales, por otro, debe mantener su reputación como defensor de la privacidad y la libertad de expresión.
Hay que hacerse una pregunta, para entender mejor la privacidad y la encriptación de extremo a extremo. Si los mensajes son encriptados desde el emisor al receptor, ¿cómo pueden intervenir terceros el contenido compartido?
LA PELÍCULA CAMBIA
Desde ahora, si Telegram recibe una orden judicial que confirme que somos sospechosos de terrorismo, por ejemplo, podrán revelar nuestra dirección IP y número de teléfono a las autoridades pertinentes. Hasta ahora, esto nunca ha ocurrido, afirmaban en la anterior redacción, como se puede comprobar en su página mediante Internet Web Archive, herramienta que permite a los usuarios ver versiones archivadas de sitios web en diferentes momentos del tiempo.
La modificación llega semanas después de la detención de Pável Dúrov, en Francia. Imputado por una docena de delitos, entre los que se encuentra complicidad con el tráfico de drogas, difusión de pornografía infantil o pertenencia a banda criminal. Actualmente se encuentra en libertad bajo fianza, de cinco millones de euros. Forbes estima que su fortuna asciende a 15.500 millones de euros.
La negativa de Telegram a colaborar con las autoridades la llegó a convertir en sus primeras etapas, en un servicio muy utilizado por movimientos opositores a regímenes autoritarios de todo el mundo. Sin embargo, en los últimos años, esas mismas prácticas la habían convertido en el canal de comunicación oficial de muchos grupos de delincuentes y ciberdelincuentes.
Las principales organizaciones de defensa de los derechos digitales, recomiendan ahora a los activistas no recurrir al servicio de Telegram para escapar de la vigilancia de los regímenes autoritarios. El motivo, que Telegram no utiliza cifrado de extremo a extremo por defecto, al contrario que otras apps de mensajería como Signal.
Este método de seguridad, como se ha comentado anteriormente, es el único que asegura que las comunicaciones digitales no pueden ser interceptadas por un tercero.
CONCLUSIÓN
La reciente detención de Pável Dúrov, fundador de Telegram, y los cambios en la política de privacidad de la plataforma Telegram, marcan un punto de inflexión significativo en la historia de la aplicación. La decisión de Telegram de compartir datos de usuarios con las autoridades judiciales bajo órdenes válidas refleja una respuesta directa a las presiones legales y sociales para combatir actividades delictivas en la plataforma.
Este cambio, aunque controvertido, subraya la necesidad de equilibrar la privacidad de los usuarios con la seguridad pública. La medida ha generado un debate intenso sobre la libertad de expresión y la privacidad en la era digital, cuestionando hasta qué punto las plataformas deben cooperar con las autoridades sin comprometer la confianza de sus usuarios.
En resumen, la evolución de Telegram hacia una mayor colaboración con las autoridades judiciales podría ser vista como un paso necesario para asegurar la viabilidad y legitimidad de la plataforma en el futuro. Sin embargo, también plantea importantes interrogantes sobre la protección de la privacidad y los derechos digitales en un mundo cada vez más conectado.


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